(En memoria de mi queridísimo abuelo Osvaldo Valledor)
Como una vela
que se apaga poco a poco,
se consume tu luz, y yo
solo observo el movimiento de tu llama
que aún flamea,
débil y agerrida.
Ni los vientos de tu desilusión pueden
contigo.
Se acerca la noche y yo,
que siempre odié estar en estos sitios,
me quedo a verte hasta que
cerrada y fría,
oscura y egoísta
me deje solo.
La luz que todo lo ilumina es mi
recuerdo,
y vos, que luz has sido siempre
seras vida.
Me has dejado mas que tus colores en mi
pecho,
me has dejado historias y valores,
me has dejado más de lo que crees
mientras se consumen tus últimas
chispas de ceras ardientes.
Yo estoy acá para escucharte,
y para no escuchar más nada
cuando la luz se apague y la noche
nos diga que es hora,
y nos despida.
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