que respiro el aire envenenado del olvido
me siento a pensar,
más distante
más ausente.
Quiero quitarme los zapatos
y recorrer descalzo
un camino más sencillo,
un trayecto más largo,
un paisaje más simple.
Me exhorto a deleitarme
un poco más.
Sin pensar, mañana
que va a ser de todo.
Quiero dejar mis ropas en el suelo,
y desnudo
caminar por el silencio de la noche
hasta ver amanecer,
y perderme donde el cielo y el suelo.
Ya no existe el abrazo contenedor
el consejo responsable
el respaldo tranquilizador…
Ya no están nuestros adultos
para llevarnos a caminar
de la mano,
para recibirnos,
para llorar con nosotros.
Ahora somos nosotros
y el recuerdo.
Y entonces comienzo a recordar
los zapatos que llevo puestos,
las ropas que dejé en el suelo…
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