Prepararon municiones y cargaron,
minuciosamente,
su equipo completo
como en los viejos tiempos.
Dejaron el camión en el camino
y en la comodidad de la noche
oscura, se desplegaron.
En forma de abanico
se abrió en el bosque
una fila imperturbable.
Una rodilla al suelo cada par
el cielo limpio,
la claridad, y
como en los viejos tiempos,
el primer trueno alborotó los ecos
despertó aleteos, inició corridas
y un zumbido se alejaba en los oídos.
Como en los viejos tiempos.
Estratégicamente,
rodeaban a sus víctimas
y el cielo
y la claridad
y los truenos cada tanto.
Cada tanto el alboroto.
Cada tanto las corridas,
los zumbidos;
y una nueva calma tensa.
Cada tanto romper fila,
recoger las presas,
y volver a desplegarse
como en los viejos tiempos.
La noche fue desperdigándose
en interrumpidos silencios.
Cuando el cielo comenzaba a enrojecer
a un costado del camino, las perdices
se alinearon en fila. Extensa.
Como en los viejos tiempos.
Una roca
calló el último quejido
de un inventario de 77.
Limpiaron y guardaron sus equipos
contemplando sus victorias.
Brindaron en torno a los cuerpos
y antes
de recoger las piezas y emprender la retirada
nostálgicamente
con su fusil al hombro
y una extenuada y espléndida sonrisa...
- Imaginen si fuesen hombres! -
(como en los viejos tiempos)
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