Cuando el terciopelo se acercaba
y los perfumes de jazmines
laceraban su respiración,
en esa noche oscura y oculta,
noche secreta,
murió el deseo y el amor,
para siempre.
Fue nada y soledad.
Todo estaba permitido,
pensaba,
mientras sentenciaba
que los limites no existían.
Mordió el deseo,
desgarró el futuro,
primó sus voluntades
sus apetitos
y fue Dios.
Respiró profundo.
Eso no fue amor.
Homicidio perfumado
o traición del destino,
se escapó la vida en un hilo de voz,
en palabras no escuchadas
por el sabor del terciopelo
que deleitaba sus papilas.
Todo estaba permitido,
pensaba,
y los límites, excedidos,
se habían cruzado sin saberlo.
Ella nunca dijo nada.
Ella no importaba nada.
Ella no era ella,
nunca lo fue
o nunca pudo serlo.
Y apuñaló el mañana,
que una vez pensaba,
a mansalva
una y otra vez.
Hasta saciar la nada de una sed.
Fue y será
nada y soledad.
Todo estaba permitido,
insistía,
se convencía,
y los límites crucificaron todo.
Ya nada sería,
y todo había sido.
Cuando el terciopelo se acercaba
y los perfumes de jazmines
laceraban su respiración,
en esa noche oscura y oculta,
todo finalizó
antes de comenzar.
Comenzaré de nuevo porque siempre se comienza de nuevo. Este será mi nuevo lugar, mi nuevo rincón donde dejar estas letras que suelen ser, tal vez, algunas postales que van escapando de entre los barrotes de mi memoria.
Bienvenidos
Bienvenidos:
Hola a todos.
Hola noche, luna, concurrentes…
Hola a todos.
En silencio
actúen como si yo
no estuviera aquí.
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