Sabías todo lo que hay que saber,
no eras uno más, eras "el señor".
Tus palabras eran orden y más
pero algo hubo,
que no pudiste aprender.
Nadie te puede llamar.
Nadie te puede explicar.
Eres el hombre que da
nombre
a la humanidad
y un poco más.
Siempre
un poco más.
Naciste para ganar,
nunca hubo traspiés que valgan.
Siempre puede haber explicación
para un mal menor,
o algún imprevisto que no puede,
bajo ningún concepto,
llamarse error.
Valoración muy superior
al promedio estimado
y un podio de palabras
te eleva sobre la multitud.
Nadie se puede acercar.
Nadie te puede nombrar,
y cada día más grande
tu fama interminable
flamea,
y se ve de lejos.
No pudiste darte cuenta
que había otro como vos.
Nunca superior,
seguramente.
Pero él cree
que todo el tiempo fue mejor.
Dios no estaba de tu lado esa noche.
Y Dios nunca fuiste vos,
tampoco.
Te vinieron a buscar,
y aunque lo niegues,
siempre supiste
que nunca pudiste tener el control.
Dios nunca fuiste vos.
Ni siquiera te crucificaron.
Soberbia
es no dejar la soberbia
incluso
cuando ya nada quede de ella.
Comenzaré de nuevo porque siempre se comienza de nuevo. Este será mi nuevo lugar, mi nuevo rincón donde dejar estas letras que suelen ser, tal vez, algunas postales que van escapando de entre los barrotes de mi memoria.
Bienvenidos
Bienvenidos:
Hola a todos.
Hola noche, luna, concurrentes…
Hola a todos.
En silencio
actúen como si yo
no estuviera aquí.
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