El
rojizo atardecer
asoma por la ventana
rodeada de azulejos blancos
y pensamientos negros.
Ya no está.
No hay peligro de que nada cambie.
Ya no está. Todo
seguirá mañana
exactamente igual que ayer.
El cuerpo llora;
consecuencia inevitable
del sostén de la estabilidad.
Ya todo ha pasado.
Ya no hay nada.
Mañana será un día nuevo.
Tal vez
podamos no pensar,
tal vez no hablar…
Tal vez mañana podamos
creer que nada ha cambiado
y continuar
como si nada.
Como si nada hubiera cambiado.
La noche
decora el otro lado de la ventana.
Los analgésicos calman la ansiedad
y el dolor relata un cuento
para no dormir.
Ya no está.
Nunca estuvo,
y ya no está.
Cierra los ojos,
y la acompaño al desvelo
apagando las luces.
Estamos nosotros amor!
No sé,
no me importa como hubiera sido todo
si hoy no existiera.
Existe el hoy,
y somos nosotros los que estamos acá.
Somos nosotros los que estuvimos ayer.
Y vamos a seguir siendo nosotros.
Descansa amor!
Estoy acá!
El rosado amanecer
nos despierta
de nuestro mínimo ensueño.
Buenos días amor!
Va a ser un lindo
día.
El desayuno
en un silencio lleno
de amor, tenso
y extraño,
esperanzado y triste, comienza
a despabilarnos de a poco.
Que nadie juzgue.
No juzguemos nada
ni a
nadie.
El sol ya ha salido
y un alivio
romántico
nos mira a los ojos.
Nada nos puede pasar,
amor.
Estaremos siempre,
seremos siempre,
como queramos,
como se pueda,
como mejor nos salga.
Comenzaré de nuevo porque siempre se comienza de nuevo. Este será mi nuevo lugar, mi nuevo rincón donde dejar estas letras que suelen ser, tal vez, algunas postales que van escapando de entre los barrotes de mi memoria.
Bienvenidos
Bienvenidos:
Hola a todos.
Hola noche, luna, concurrentes…
Hola a todos.
En silencio
actúen como si yo
no estuviera aquí.
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