Caminaba por mi amada Avellaneda
pensando hacer oídos sordos
a las estupideces.
Estaba pensando en cómo restarles importancia,
cuando mi propio pensamiento
me propinó un boleo en el orto
y me hizo entrar en razón.
A la mierda
con soportar idiotas
incoherencias,
que nada tienen que ver con mi felicidad.
Seguí caminando mi amada Avellaneda;
y me reencontré con infinitos oídos
que se ofrecían y millones de voces
que me compartían.
Porqué habrá sido que
nunca entendí que debe importarme
tres carajos y un poquito
lo que no tiene sentido.
Comenzaré de nuevo porque siempre se comienza de nuevo. Este será mi nuevo lugar, mi nuevo rincón donde dejar estas letras que suelen ser, tal vez, algunas postales que van escapando de entre los barrotes de mi memoria.
Bienvenidos
Bienvenidos:
Hola a todos.
Hola noche, luna, concurrentes…
Hola a todos.
En silencio
actúen como si yo
no estuviera aquí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario